Leyenda de Canek, el guerrero maya que encabezó una rebelión contra los españoles

El pueblo de Cisteil, situado cerca de Sotuta, celebraba su festividad religiosa el 20 de noviembre de 1761. Cuando finalizó el acto, Jacinto Canek aprovechó para dirigirse a los vecinos que estaban allí reunidos. Hablándoles en maya, les arengó con las siguientes palabras: «Hijos míos muy amados, no sé qué esperáis para sacudir el pesado yugo y servidumbre trabajosa en que os ha puesto la sujeción a los españoles; yo he caminado por toda la provincia y he registrado todos sus pueblos y, considerando con atención qué utilidad nos trae la sujeción a España, no hallé otra cosa que una penosa e inexorable servidumbre… El juez de tributos no se sacia ni con los trabajos que cercan en la cárcel a nuestros compañeros, ni satisface la sed de nuestra sangre en los continuos azotes con que macera y despedaza nuestros cuerpos». Canek los animó para unirse a su rebelión, asegurando que tenía poderes de taumaturgo. Igualmente, les contó que disponía de varios brujos a su servicio y que la victoria estaba profetizada en el Chilam Balam. Prometió a los oyentes que los que resultaran muertos, resucitarían a los tres días. Por último, afirmó contar con el apoyo de los ingleses para su levantamiento.

Toma de la localidad y reacción española El levantamiento fue todo un éxito en las primeras horas. Fácilmente lograron tomar Cisteil. Su único error fue dejar escapar a un fraile, Miguel Ruela, que fue quien avisó a las autoridades españolas de lo que estaba ocurriendo. El fraile recurrió al capitán del ejército en Sotuta. Este, de nombre Tiburcio Cosgaya, no tardó en preparar un destacamento para acudir a Cisteil. Sin embargo, Canek y sus hombres ya estaban preparados: emboscaron a los españoles y varios soldados resultaron muertos. En ese momento los rebeldes pensaron que su levantamiento podía triunfar. Canek se corona rey de los mayas y promete abolir los tributos, repartir las riquezas que se quedaban los españoles y montar una administración dirigida por los indígenas. La capital de esa nueva nación maya se encontraría en Mani.

Segunda batalla Poco duró la alegría de los sublevados. Una semana después del levantamiento, los españoles organizan un gran destacamento compuesto por 2000 militares. El ataque a Cisteil es brutal y unos 500 mayas mueren, por tan solo 40 soldados. Solo 300 hombres, entre los que estaba Canek, consiguen escapar del lugar.

Últimos días de Jacinto Canek Los supervivientes de la batalla de Cisteil tratan de huir hacia Sivac. Por su parte, los españoles no estaban dispuestos a dejarlos escapar. En el propio Sivac, Canek es capturado junto al resto de sus seguidores. Todos son trasladados a Mérida. La acusación principal a la que se enfrenta el líder indígena es la de rebelión. A este delito le añaden el de sacrilegio y haberse proclamado rey. El juicio sumarísimo no dura demasiado y es condenado a muerte.

Ejecución y escarmiento Aunque el resto de sus partidarios atrapados también reciben condenas (algunos mueren ahorcados y otros son azotados o mutilados), la de Canek es particularmente cruel. Según las crónicas debe morirse «atenazado, roto su cuerpo y después quemado y echada sus cenizas al viento». Sin llegar al mes desde que se produjo el levantamiento, el 14 de diciembre de 1861, Jacinto Canek es ejecutado tal y como dicta la sentencia en la Plaza Mayor de Mérida. Si ya el modo de ejecutar a Canek debía servir como aviso a futuros rebeldes, los españoles no se contentan con eso. Cisteil, donde el levantamiento empezó, es incendiado y cubierto de sal.