Leyenda de Cuatlapanga: El Guerrero enamorado de Matlalcueyetl.

Cuatlapanga fue un guerrero valiente que estaba enamorado y correspondido por Matlalcueyetl. Su mayor anhelo al igual que todo noble enamorado era desposarla, pero antes tenía que cumplir con una misión. Así que tuvo que abandonar a su enamorada para cumplir su encomienda.

Pasó mucho tiempo y en su última lucha, recibió un fuerte golpe en la cabeza, que le ocasionó una severa cicatriz. al llegar nuevamente a su hogar, Cuatlapanga llegó a buscar a su gran amor, pero recibió la noticia que su amada había fallecido de tristeza; destrozado por la noticia, partió al lugar donde se encontraba la tumba para poder llorar a sus pies.

Y ahí quedo el guerrero convertido en cerro que lleva su nombre y Matlacuéyetl en el volcán. Matlalcuéyetl es el nombre que los indígenas Tlaxcaltecas daban al volcán pero, a la llegada de los españoles y en honor de una doncella que fue intérprete de los mismos de nombre Malintzin empezaron a nombrarlo así. La palabra Malinche resultó del modismo español de Malintzin.

Otra de las leyendas que posee el volcán Cuatlapanga y que circulan hasta la fecha entre los habitantes de Coaxomulco, es que en este lugar existen unas campañas de oro enterradas desde los tiempos de la Revolución. Según cuentan los pobladores, en el volcán existe un par de campanas de oro que han despertado la imaginación, pero sobretodo, la codicia de muchos.

Se dice que algunos han tratado de rascar en los montículos de tierra donde -se supone- están las campanas de oro puro, pero que entre más rascan, más se hunden y hasta ahora nadie las ha encontrado. Muchos son lo que visitan Tlaxcala se internan por el Cuatlapanga buscando las campanas del material dorado, pero por más que han buscado por aquí y por allá, aseguran que las campanas siguen ahí. Esto es así porque las mismas se siguen escuchando por aquellos que las saben oír.