Leyenda de El Agua y El Amor

¿Imaginas perder al amor de tu vida y hacer hasta lo imposible para encontrarla? Eso fue lo que le pasó al jefe del pueblo Bolochen. Bolochen es un pueblo que aunque creció en torno a nueve pozos, periódicamente padecía de sequía. Tras el arribo de los españoles al Imperio Maya, a principios del siglo XVI, las ciudades de los indígenas sucumbieron una a una. Así cayeron Hochob, Xtampak y Dzibil Noh Aac. Los sobrevivientes de aquellos poblados y otros grupos de mayas fundaron Hopelchén, que contó con poco más de 20 mil habitantes. Al crecer la población surgió la necesidad de tener más ciudades, así nació Bolonchenticul, hoy conocida como Bolonchén (que significa nueve pozosen maya), en Campeche.

Por aquellos años una sequía terrible afectó a Bolonchenticul. No importaron los rituales ni las ofrendas dedicadas a Chaac, dios maya de la lluvia, pues no quiso ayudarlos. La gente padecía sed y las cosechas se secaban. El jefe guerrero de la aldea, reconocido por su habilidad e inteligencia en combate, deseaba ayudar a su gente, pero el agua era un recurso escaso en los alrededores. Un día aquel hombre se enamoró de una joven y bella mujer. Pero la madre de la doncella no estaba de acuerdo con el amorío de su hija y la ocultó de los ojos de aquel campeador, en un sitio en el que pensó que jamás la encontraría.

Aquel señor de armas se afligió al no ver más a su amada y cayó en una profunda depresión. Le pidió a Chaac que le ayudara a encontrar a la joven con vida. A causa de la pena dejó de gobernar como era debido a su pueblo. Todo el tiempo pensaba en su amor perdido. La desesperación se apoderó de aquel distinguido hombre de armas, quien, en un arrebato, le ordenó a todos los soldados que buscaran a su amada en los lugares más recónditos de la región. Transcurrieron varios días hasta que un hombre escuchó un sollozo en la profundidad de una gruta. El jefe guerrero al saber la noticia le pidió a sus hombres que construyeran con madera y sogas una escalera para bajar al fondo de la gruta. El valeroso hombre descendió a la caverna donde permanecía cautiva la joven, quien al ver a su amado se arrojó a sus brazos y no ocultó la felicidad de volver a encontrarse.

La mujer no fue lo único que descubrió el varón, pues en el fondo de la cueva había siete estanques con abundante agua fresca y cristalina a los que nombró: Chac ha (agua roja), Pucuel a(tiene olas como el mar), Sallab (salto de agua), Akab ha (agua oscura), Chokoj ja (agua caliente), Oci ha (agua lechosa) y Chimais ha (agua con muchos insectos). Gracias al hallazgo de estos estanques, en Bolonchén ya no hubo más sequía, las cosechas fueron prósperas y los ciudadanos no padecieron más sed. El amor del jefe guerrero y la doncella trascendió para salvar a todo un pueblo de la extinción.